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Carta de una cuidadora de envejecientes

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Mis viejitos, le digo cariñosamente a todos esos adultos mayores que pasaron por mi vida durante estos últimos 10 años. Desde el día en que cuide a la primera abuela, doña María, tenia 85 años y estaba en estado vegetativo. Dios mío, que confianza me tenían sus familiares, en ese momento no sabia nada de nada, ni como tomar la tensión y menos hacer alguna cura como me toco con ella por esas malditas escaras. Hasta el día de hoy sus hijas y una de sus nietas se acuerdan y me preguntan por mis cosas.

Pero como ese era mi futuro trabajo me preparé para ello haciendo cursos de enfermería, jornadas de escaras, primeros auxilios, 2 años de gerontología en la universidad de donde salí como promotora y trabajadora gerontológica, jornadas de adopción de adultos a distancias, talleres de trabajos con grupos de adultos, etc., pero creo que todavía me falta aprender mucho más.

Cuando hice el trabajo final en la facultad, les agradecí a todos ellos que pasaron por mi vida y algo me enseñaron. La mayoría habían tenido una vida muy buena, entonces sus años fueron como el paso del tiempo algo natural y esperaban la muerte como se espera a un amigo. Lo más difícil en esos momentos son los familiares que no aceptan que estos adultos saben que están en el final del camino y que es su única realidad. Es difícil el acompañamiento a los parientes, es mas difícil que al propio enfermo.

Envíado por: Susana Emilia Martínez

 





Al principio fue difícil pedir ayuda. Yo quería que mis hijos creyeran que su padre estaba bien.

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